Lo que vi en el metro a las 8 de la mañana
Ella levantaba la vista del móvil cada vez que lo veía acercarse. Él se tocaba el pelo en el reflejo de la pantalla por si el viento le había hecho un desastre. Sus caminos coincidían con regularidad: a veces en la misma parada, otras en la estación; incluso una vez se sentaron en el mismo vagón.
Jamás habían cruzado ni una palabra, pero ambos sabían cómo era la voz del otro. Se quedaban observándose fijamente mientras charlaban con extraños al salir del trabajo. A veces veía su sonrisa, pero él no estaba atento todo el tiempo para devolverla. Intentaban pasar desapercibidos, que el otro no notara cuánto lo miraba, aunque por dentro se murieran de ganas por esa atención.
Así pasaron los días, mirándose desde la distancia, sonriéndose pero sentándose en sitios distintos. Esperaban milagrosamente que aparecieran entre sus sugerencias de amistad por alguna extraña razón. Los amigos de él, le decían que se lanzara; mientras que las amigas de ella le decían que era muy poca cosa. Ella no lo veía así, por eso intentaba acercarse cuando no estaban sus amigas cerca. Él intentó hablarle cuando su grupo de ellas estaba por ahí, y la chica se quedó callada. Una de sus amigas hizo un comentario de un posible novio, y el chico no volvió a cruzarle palabra.
Después de eso, ella lo buscó sin descanso: llegaba antes a la parada, intentaba sentarse en los vagones que él frecuentaba o daba vueltas por la estación para verlo aparecer. ¿Quizás habían cambiado su rutina? ¿Tal vez estaba sustituyendo a alguien en el trabajo?, pensó. Y lo pensó sin darse cuenta de lo mucho que había permitido que pasara esta situación.
Semanas más tarde, ella volvió a llegar con antelación a la parada donde él se subía. Tenía que levantarse media hora antes porque no le quedaba camino, pero ya había tomado una decisión: tenía que hablarle después de ver que él parecía interesado.
Cuando lo vio, sintió vergüenza, pero quiso hablarle a toda costa. Lástima que para entonces, él no quiso levantar la vista del móvil, y ella perdió el tren aquella mañana.
