¿Por qué no te has cansado de escribir?

Que no me he cansado dice… ¡pero si no hago otra cosa! Mira, no sé cuántas veces a lo largo de mi vida lo he mandado todo a la mierda y me he deshecho de mis libretas y eliminado mis documentos de word, pero mínimo dos veces al día. Es un amor tóxico que está ahí, que te da la vida y te la quita por momentos. Pero no se por qué cuando peor estoy, miro la libreta otra vez y me digo «venga va… te perdono».

Hay que ser realistas: te han vendido la misma moto que a mí. Eso de las musas y «el flujo de conciencia» y «el poder creativo», nos ha llevado a miles de escritores al hoyo. El motor de mi moto se gripó hace tiempo, y la verdad que cuando me quité esas ideas de la cabeza, todo empezó a ir mucho mejor.

Y lo sé. Sé que hay días que sentarse frente a la pantalla del ordenador o ponerse la libreta en las piernas, cuesta más que cumplir con un turno partido en un restaurante con la cocina a 40 grados. Y de eso nadie habla, ¿cierto? Nadie te avisa de lo que agota escribir, de lo que te cansa el simple hecho de pensar a veces en coger ese lápiz de nuevo.

No es pereza, es agotamiento real

A veces me escriben diciendo: «Tania, me pongo y a la media hora estoy hasta las narices, no he sacado nada… ¿será que no valgo para esto?». Y siempre respondo lo mismo: quítatelo de la cabeza, porque a mí me pasa igual. A veces me pongo a describir una escena y cuando la releo me digo «¿quién coño ha escrito esto?» y no precisamente porque sea bueno.

Escribir es, posiblemente, uno de los trabajos que más batería quema, pero me encantaría que todos los que nos dicen que nos consigamos un hobbie o un curro normal, sintieran la satisfacción de ponerle el punto y final a una frase bien hecha.

No estás solo juntando letras; estás creando mundos y tomando miles de decisiones por minuto: ¿pongo esta coma?, ¿este adjetivo sobra o da vergüenza ajena?, ¿mi personaje suena idiota o real?. Y encima, le estás poniendo toda tu ilusión a algo que capaz nunca vera la luz del sol. Tu cerebro está funcionando a 200 revoluciones por minuto mientras tu cuerpo está quieto. Normal que termines con ganas de mirar una pared en blanco durante dos horas y no saber ni cómo te llamas.

La fatiga de la «perfección» y el fantasma de la IA

Hoy en día, el cansancio es doble. No solo te cansas de crear, te cansas de comparar.

  • Ves a escritores en Instagram que parece que sacan tres novelas al año, siempre peinados y con un café perfecto al lado del MacBook.
  • Ves a la IA redactando textos en tres segundos que, aunque no tengan alma ni huelan a nada, son «correctos».

Y ahí estás tú, en tu caverna, intentando que una escena tenga sentido y sintiendo que vas a paso de tortuga. Ese peso mental agota más que el propio texto. Es el cansancio de sentir que, hagas lo que hagas, nunca es suficiente. Pero te digo una cosa: el algoritmo no se cansa porque no está vivo. Tú sí.

Ah, y otra cosa. Yo no sé que va a pasar mañana, pero yo misma he intentado escribir algún que otro fragmento de mi libro con IA o algún texto de esta página web, y huelen a carne de plástico. La IA no tiene alma, el alma la ponemos nosotros.

¿Qué hacemos cuando el cuerpo dice basta?

Si estás en ese punto en el que el cursor te parece una amenaza y la hoja en blanco te da alergia, aquí van unos consejos de alguien que se pasa el día en medio de la cocina con un folio al lado:

  1. Sal de la cueva un rato: La caverna es para crear, pero nadie puede vivir allí 24/7 sin volverse loco. Sal, que te dé el aire, vete al súper, mira cómo la gente se pelea por el último manojo de perejil. El mundo real es la gasolina de tus historias, no la pantalla. Anda que no he estado yo en el coche un día normal, y he vuelto a casa con decenas de escenas interesantes simplemente mirando (cuando los semáforos me lo permiten).
  2. Baja el volumen a la autoexigencia: No todos los días vas a parir el capítulo que te dará el Nobel. Algunos días el trabajo es, simplemente, poner una palabra detrás de otra para que el músculo no se oxide. Y eso ya es una victoria, y de las grandes.
  3. Descansar también es escribir: Aprende a diferenciar el bloqueo (no saber qué decir) del cansancio (no tener fuerza para decirlo). Si estás agotado, descansa sin culpa. Tu historia no se va a ir a ninguna parte; te está esperando a que recuperes el aliento. Peeero, si no sabes qué decir, entonces sí que ese cacharro de la IA te puede servir para un brainstorming o para valorar distintos escenarios. No te cierres a las nuevas tecnologías. Úsalas para ayudarte, no para que te hagan el trabajo.

Estamos juntos en esto

Escribir con el corazón —como siempre te digo— es agotador porque te dejas pedazos de ti en cada párrafo. Así que, la próxima vez que te sientas fundido, no te castigues porque es la señal de que te lo estás tomando en serio. Eres humano, no un código de programación.

Tómate un café, cierra el portátil y mañana, cuando la luz vuelva a entrar por la rendija de la caverna, lo intentamos de nuevo.

(Y si no, siempre puedes contactar conmigo y nos desahogamos)

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio